Caracas
- 22 nov 2017
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Vista aérea de Caracas (Desde Los Tanques del puesto de guardaparque Estribo de Duarte) Caracas Caracas ruge, solo hay que saber domarla. Aún sin salir el sol ya el ruido está presente en sus calles, por eso algunos dicen que es una ciudad que no duerme. Te acostumbras a su ruido, a su rugir, te mantiene alerta, con los ojos en un solo baile. Una vez haces tuyo ese sonido, apartas el blanco y el negro y saturas de color todo lo que alcanzas a ver. Desde un amanecer tricolor decorado con nubes doradas, hasta un atardecer Pantone 638C, sin una sola nube, que hace resaltar el pulmón de la ciudad, mostrando una paleta de verdes, azules, rojos, naranjas y amarillos deslumbrantes. Pero esto solo lo puedes disfrutar cuándo ves a tu ciudad desde el corazón; y es allí cuándo, como en un film en "slow motion" abres y cierras los ojos como un obturador, guardando imágenes que más tarde te sacarán una sonrisa. No importa los matices, el desorden urbano, de ladrillos y cartón a mosaicos y ventanales refractarios. Una mezcolanza de gente de todos los colores llenan sus calles y se entrecruzan al menos una vez. Así que, bien estés en el centro, al norte o al sur, en el este o en el oeste sentirás la velocidad que ésta ciudad impone; aquí se camina apurao, se come de igual manera, se pasa el día como si de una carrera se tratase. Haz una pausa al día, toma aire, comparte algo de tiempo con alguien que te importe, haciendo algo que te de felicidad, sin apuro; piensa que puedes probar algo rico, o algo nuevo, echar un pié, cantar en la ducha, robar un beso, tomar una foto...
Domar a Caracas es vivirla con aires de sonrisas, con música y no con ruido; el león vive dentro de ti.
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